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17/08/2013#140
 
 
 

Compartiendo secretos para el éxito

   
Visita a iniciativa productiva de lácteos, durante gira de intercambio
Visita a iniciativa productiva de lácteos, durante gira de intercambio
 
 
 
 

Emprendedurismo, liderazgo, deseo de superación y proyección al futuro son
solo algunas de las características comunes entre los productores del Plan de
Agricultura Familiar y agricultores del departamento de Ocotepeque, Honduras.

Las similitudes fueron evidentes a partir de la gira realizada -los días 13 y 14 de
agosto- en el territorio salvadoreño por una delegación de 30 productores de
hortalizas provenientes del territorio del Valle de Sensenti, Ocotepeque, con el
objetivo de conocer y aprender de las experiencias de iniciativas productivas que han alcanzado una dinamización productiva y comercial, a partir de la intervención del PAF, ejecutado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

La visita a tres Centros de Acopio y Servicios (CAS): Los Fonchanos, Hortaliceros de Cuscatlán y ACOPIDECHA – de las cadenas de lácteos, hortalizas y miel, respectivamente – permitió a la comitiva conocer el modelo organizacional, operativo y de negocios que les ha permitido alcanzar mayor productividad, generar más volúmenes y vincularse con mercados formales.

¿Cómo inició el proceso de organización? ¿Cómo se distribuyen las
responsabilidades de los socios? ¿Cuál es el aporte de cada asociado para cubrir gastos de operación de los CAS? ¿Qué retos han superado para lograr insertarse en mercados formales? Fueron las principales interrogantes planteadas por los productores hondureños a sus homólogos salvadoreños.

Durante el diálogo, los protagonistas del PAF destacaron, entre otros elementos, cómo las Escuelas de Campo (ECAS) a nivel de finca, de gestión empresarial y de comercialización han sido elementos clave en el proceso de fortalecimiento de sus capacidades productivas y emprendedoras, herramientas que les han permitido dar un valor agregado a la producción, orientarla de acuerdo a los requerimientos del mercado en cuanto a calidad y volúmenes, además de potenciar la cohesión organizativa y transitar de una visión individualista a trazarse metas y objetivos comunes.

“El secreto para tener éxito ha sido no quedarnos de brazos cruzados, esperando a que nos regalen las cosas. Cada miembro ha puesto su esfuerzo y su tiempo; nos hemos organizado y ahora nos estamos proyectando con una visión empresarial”, manifestó Ildefonso Maravilla, presidente del CAS Los Fonchanos.

De acuerdo con Manuel Mejía, coordinador de programas y proyectos de la
Asociación Hermandad de Honduras y acompañante de la delegación, “el
territorio del Valle de Sensenti tiene grandes posibilidades”, sin embargo, aclara que es necesario trabajar para solventar algunos cuellos de botella en la parte productiva, como mantener programas de siembras escalonadas de hortalizas para mantener volúmenes y permanencia en el mercado.

“Aún hay mucho trabajo por hacer para llegar a establecer modelos administrativos y de sostenibilidad como los que hemos visto aquí, pero pienso
que podemos llegar a ello conociendo esta experiencia de ustedes”, indicó Mejía.

Los integrantes de la comitiva hondureña son parte del proyecto “Fortaleciendo
las competencias e iniciativas productivas y comerciales de las asociaciones
de productores hortícolas del territorio del Valle de Sensenti”, ejecutado por la
Asociación Hermandad de Honduras -Organización No Gubernamental para el
Desarrollo-, en el marco de la implementación de la Estrategia de Desarrollo Rural Territorial (ECADERT) en Honduras, apoyada por la Oficina del IICA en ese país.

 

Iniciativas para la sostenibilidad de las exportaciones

   
 
 
 
 

Diferentes jornadas de consultas, para la búsqueda de estrategias que les
permitan a las empresas exportadoras cumplir las nuevas regulaciones de la Ley de Modernización de la Inocuidad de los Alimentos (FSMA, por sus siglas en inglés), así como analizar la pertinencia de sus reglamentos y las implicaciones en la competitividad de las mismas, ha llevado a cabo la Corporación de Exportadores de El Salvador (COEXPORT), con el apoyo del Programa AGROCafta y de la Oficina del IICA en El Salvador, donde han participado representantes de al menos 30 empresas dedicadas a la exportación de productos agrícolas frescos y procesados del país y representantes del sector público.

El objetivo del esfuerzo, explica Ana Leonor de Pocasangre, Gerente Técnico
de Coexport, es poder identificar y determinar, junto a los empresarios y el
sector público, la brecha que los separa del cumplimiento de estos reglamentos, establecer un plan estratégico para que, como país, podamos cumplirla y junto con todos los sectores involucrados demos sostenibilidad a las exportaciones de nuestro país”, explicó la gerente.

El FDA lanzó dos de los 15 reglamentos que contiene la FSMA. El primer
reglamento trata sobre buenas prácticas de manufactura, análisis de peligros y
riesgos, basados en controles preventivos para la alimentación humana y animal.

Requerirá que los productores de alimentos desarrollen un plan formal para
prevenir que sus productos causen alguna enfermedad transmitida por alimentos (ETA), mediante la identificación previa de peligros potenciales a la inocuidad.“Las empresas deben establecer los pasos a seguir en la prevención, demostrar que funcionan y describir cómo enfrentarlos en caso de que surjan”, explica Medardo Lizano, consultor en Sanidad de Inocuidad de los Alimentos (SAIA).

El segundo reglamento propone estándares de inocuidad desde la producción
y cosecha de productos frescos en las fincas. Requiere que en estas, donde se
cultivan, cosechan y empacan alimentos, se apliquen ciertos estándares para
prevenir la contaminación de los productos.

“Para COEXPORT es muy importante conocer las fortalezas y debilidades de
las empresas ante el cumplimiento de los reglamentos de la FSMA para poder
facilitarles, en el marco de nuestros programas y alianzas, y con el apoyo de
instituciones como IICA, toda la capacitación necesaria para que puedan hacer
frente a este reto”, expresó Leonor de Pocasangre.

El plazo para recibir las observaciones, por parte de la FDA queda abierto al
público hasta el 15 de noviembre de 2013.

 

Alianza contra el cambio climático

   
 
 
 
 

Establecer y aplicar incentivos basados en carbono para reducir las emisiones
derivadas de la deforestación y la degradación de los bosques, es uno de los
objetivos principales del Programa Regional de Cambio Climático (PRCC),
ejecutado por el Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza
(CATIE) en los países de Centroamérica, Panamá y República Dominicana,
con el financiamiento de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo
Internacional (USAID).

El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), a través de
sus oficinas en cada país, es un socio estratégico para la ejecución del Programa.

En este contexto, recientemente, los Representantes de las Oficinas del CATIE
y del IICA en El Salvador -Modesto Juárez y Gerardo Escudero Columna,
respectivamente- suscribieron una Carta de Entendimiento que facilitará la
realización de actividades conjuntas a nivel local.

De acuerdo con el Representante del CATIE en El Salvador, la alianza abre
la posibilidad de desarrollar acciones conjuntas en dos áreas específicas. La
primera, el fortalecimiento del recurso humano de las instituciones que tienen el compromiso de trabajar con el enfoque de mitigación y adaptación de cambio climático, como el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).En segunda instancia, el acuerdo contempla el apoyo, por parte del Instituto, en aspectos administrativos como contratación de personal, compra de equipos y otros elementos que sean necesarios en el marco de la ejecución del Programa.

“La proyección es desarrollar actividades conjuntas de capacitación en temas como: cambio climático, recursos hídricos, captura de carbono y cambio climático y biodiversidad, aprovechando los conocimientos de los diversos Especialistas en estas áreas con los que cuentan ambas instituciones”, explica Juárez.

El PRCC tiene previsto un horizonte de ejecución para cinco años. A nivel regional, otras entidades como Terral Global y CARE se suman a los socios
estratégicos de esta iniciativa.

 

El “lifestyle”, la agricultura y la migración

   
 
 
 
 

New York posee un lado agrícola. Adentrémonos en el Condado Schuyler…
A quien en esta narración llamaremos Juan, dejó Veracruz, México, para trabajar en el lugar, en una granja familiar que posee tres mil cabezas de ganado y una producción lechera automatizada.

Gana USD$ 7.25 la hora y no ve ningún rascacielos en los alrededores. Se
concentra, al igual que otros de sus compatriotas y centroamericanos, en
desinfectar las ubres de las vacas, porque la tecnología no pude sustituir todo, la mano de obra es necesaria para algunas tareas.

Juan es parte de un cambio en la agricultura del lugar. Su figura puede o no
detectarse. A la par de la rotativa de ordeño con capacidad para 54 vacas, puede que pase inadvertido. De hecho, hablar de Juan puede incluso ser un tema tabú.

Un experimentado asesor técnico agrícola, de quien omitiremos el nombre,
enumera con soltura varios cambios en la zona agrícola en los últimos años. Cita la adquisición de más tecnología y maquinaria, la inversión en la informática, la elevada contratación de asesorías técnicas con fondos propios, la aplicación de la investigación, la producción orgánica y amigable al ambiente, las alianzas para obtener más información y conocimiento, entre otros. No menciona la falta de mano de obra, ni la necesidad de importarla; tampoco la falta de entusiasmo por las labores agrícolas, a veces no tan glamorosas como algunas tiendas de la gran ciudad.

Al preguntarle al respecto, no entra en detalles, cuenta la historia de las personas de Guatemala y México, que con la oportunidad de un trabajo en ese sitio y luego de tres o cuatro años, ese ingreso les permitió construir una vivienda de tres plantas en su ciudad natal, emprender un negocio y mejorar su calidad de vida.

Cuándo nos preguntamos ¿qué hace Juan allí? Las respuestas pueden ser
diversas y de tipo complejo. Pero más allá de las razones económicas y sociales, la mano de obra de los migrantes se vuelve importante para mover parte del sector agrícola de un país que demanda varias botellas de leche.

En Schuyler y sus alrededores, la demografía no juega a favor, tampoco el “sex
appeal” del trabajo que se realiza en la rotativa de ordeño. Una extensionista de la costa oeste, quien participa en el recorrido, explica que los jóvenes de localidades como esa quieren trasladarse a vivir el ritmo de las grandes ciudades, que esos empleos no son suficientemente atractivos para retenerlos.

El propietario de la granja –que posee 5500 acres (3185 Mz) de maíz, alfalfa y
pasto para producir forrajes- comenta que la agricultura demanda un “lifestyle”.
Coinciden en que las nuevas generaciones prefieren la ciudad, tienen otros
intereses, quieren dedicarse a otras actividades e incluso piensan en realizar
estudios en otras áreas. Cuenta que en su caso, es un verdadero reto hacer que su pequeño hijo se enamore del negocio familiar. Tal como él lo hizo junto a sus dos hermanos. En 30 años, esa opción por el estilo de vida agrícola le hizo pasar de poseer 50 vacas a 3000.

El dueño de la granja trata cada día de que su hijo se apasione por el negocio
agrícola. No duda al reconocer las políticas y medidas que potencian la agricultura en Estados Unidos y reducen los riesgos asociados al rubro, pero surge un tema que aún no se ha ordeñado: una reforma migratoria.

Explica su necesidad en cuanto a trabajadores. Entonces, nos acordamos de
Juan, quien labora legalmente en Estados Unidos por un período de tiempo
determinado. Llegó en un contingente de empleados con permiso de trabajo.
Recuerda que él y otros fueron seleccionados en la frontera sur, hasta donde
llegan algunos agroempresarios, en este caso de New York, para contratar
trabajadores. La granja para la que labora le proporciona alojamiento y comida. Se siente bien al escuchar un poco de español y cuando el grupo se marcha, confiesa que casi todos los días limpia a las vacas y que más que entusiasmo, lo que tiene es necesidad. No le hace mala cara al trabajo duro, al contrario, pone el rostro de frente, y se ha adaptado a un país que no es el suyo.

La lechería de la cual hablamos es un negocio de gran inversión, con maquinaria especializada; es asombroso cómo lleva registros pormenorizados de cada ordeño con tecnología de punta, lo cual garantiza la salud y productividad del hato; así como controles sobre el producto. En labores operativas, emplea a unos 65 trabajadores.

Entonces, surge otra pregunta. ¿Quién necesita con más urgencia una reforma
migratoria?

 
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